Pobreza cultural alude a la dificultad e incluso imposibilidad de acceder a productos y servicios culturales por parte de las familias, como pueden ser actividades educativas, libros, música, cine y actividades culturales en general, tanto por no disponer de los recursos económicos para ello como por la inexistencia de infraestructuras culturales públicas con las que suplir esas carencias. La pobreza cultural refuerza y retroalimenta la pobreza económica, en el sentido de que las personas que la sufren acaban con un nivel educativo, de formación y cultural bajo, sin poder acceder a puestos de trabajo cualificados, lo que les relega a los estratos socioeconómicos más bajos de la población. Además, la pobreza cultural genera lo que se ha venido en denominar cultura de la pobreza, que tiene como consecuencia una escala de valores y creencias que infravalora la importancia de la educación y la cultura como motor de desarrollo personal y social.