Verdad eterna

La verdad eterna, planteada en especial por Agustín de Hipona, se refiere a la verdad que desarolla cada persona en sí misma, desde su entendimiento, que no depende de los sentidos y va mas allá que ellos y que por tanto es trascendente, inmutable y por tanto eterna. La verdad eterna última o suprema para Agustín de Hipona es Dios. Posteriormente este concepto de verdad ha sido denominado como verdad analítica.

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Mímesis

La mímesis es un concepto de larga tradición filosófica que se remonta al filósofo Platón, y que basándonos en su etimología puede traducirse como representación o imitación. En la filosofía griega, Platón, que reservaba los conceptos belleza y verdad para las ideas,  consideró a la mímesis como la apariencia o reproducción imperfecta  en el mundo de los sentidos de las ideas y por tanto como una forma de engaño. Aristóteles amplió el concepto de mímesis a las artes, considerando la mímesis como recurso para reproducir en la literatura e el arte emociones, virtudes o personajes. Ya en el siglo XX, la mímesis se desarrolló como concepto central en la crítica literaria y artística como el modo que tiene las obras de creación del artista de recrear o imitar aspectos de la realidad, captando sus características esenciales y como vehículo de acercamiento de holístico a la verdad, de forma más pura y exacta que el análisis de la realidad que se pueda hacer desde paradigma positivistas.

Subjetividad

En su acepción ordinaria, subjetividad es la cualidad de ser subjetivo, la manera de pensar y expresar las cosas desde el punto de vista personal. Por ejemplo, la proposición "el libro que estoy leyendo no me gusta nada" es totalmente subjetiva, es decir, se refiere a la subjetividad. En filosofía, sin embargo, la subjetividad tiene un significado distinto, aunque este significado es múltiple y difuso, dependiendo del  filósofo y la escuela filosófica. Podría decirse, en general, que la subjetividad es el modo de percibir, sentir y pensar el yo mismo, el sujeto individual. De esta definición se han dado diferentes interpretaciones. En la modernidad, especialmente después de René Descartes (1596-1650), se considera que la subjetividad se configura de forma autónoma y racional, el sujeto es aquel que piensa, con todas las implicaciones que ello tiene de cara al mundo; sin embargo, a partir del siglo XIX se produce una ruptura y se plantea que el sujeto se constituye a través de las relaciones sociales, por ejemplo del poder, y no sólo de la individualidad de uno mismo. Tanto desde el marxismo, desde el psicoanálisis, como desde el estructuralismo se divide la unidad del yo, se puede decir que yo somos otros: el marxismo afirma que el sujeto está constituido por la economía, en el psicoanálisis queda sometido al inconsciente, y en el estructuralismo, desde el punto de vista de Michel Foucault, es el poder el que modera al sujeto; el existencialismo resalta la necesidad de que los sujetos den significado a su subjetividad, a su existencia, atrapados en la contingencia del mundo.

Seres contingentes

Seres contingentes son aquellos que en un momento del tiempo existen o hna existido, pero que anteriormente o posteriormente dejan de existir, y que por tanto tienen un creador. El ejemplo más claro somos los seres humanos en nuestra individualidad, ya que existimos a lo largo de una vida, con un principio y un final. Los seres contingentes se oponen a los seres necesarios, que existen por sí mismos, sin principio ni final.

Objeto material y formal de la ontología

El objeto material de la ontología es la realidad, lo que es. Su objeto formal es la reflexión y el análisis sobre el origen y la naturaleza del propio ser. 

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