Subjetividad

En su acepción ordinaria, subjetividad es la cualidad de ser subjetivo, la manera de pensar y expresar las cosas desde el punto de vista personal. Por ejemplo, la proposición "el libro que estoy leyendo no me gusta nada" es totalmente subjetiva, es decir, se refiere a la subjetividad. En filosofía, sin embargo, la subjetividad tiene un significado distinto, aunque este significado es múltiple y difuso, dependiendo del  filósofo y la escuela filosófica. Podría decirse, en general, que la subjetividad es el modo de percibir, sentir y pensar el yo mismo, el sujeto individual. De esta definición se han dado diferentes interpretaciones. En la modernidad, especialmente después de René Descartes (1596-1650), se considera que la subjetividad se configura de forma autónoma y racional, el sujeto es aquel que piensa, con todas las implicaciones que ello tiene de cara al mundo; sin embargo, a partir del siglo XIX se produce una ruptura y se plantea que el sujeto se constituye a través de las relaciones sociales, por ejemplo del poder, y no sólo de la individualidad de uno mismo. Tanto desde el marxismo, desde el psicoanálisis, como desde el estructuralismo se divide la unidad del yo, se puede decir que yo somos otros: el marxismo afirma que el sujeto está constituido por la economía, en el psicoanálisis queda sometido al inconsciente, y en el estructuralismo, desde el punto de vista de Michel Foucault, es el poder el que modera al sujeto; el existencialismo resalta la necesidad de que los sujetos den significado a su subjetividad, a su existencia, atrapados en la contingencia del mundo.

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Indagación filosófica

En filosofía, la indagación es el acto primordial que consiste en la búsqueda de respuestas a preguntas que, aunque de planteamiento simple y evidente, exigen un ejercicio de reflexión profunda acerca de lo consideramos la realidad o lo que constituye la base de la sociedad, yendo mas allá de las ideas preconcebidas o establecidas que tenemos sobre ellas (consulta además: cuestionamiento filosófico), para llegar finalmente a su esencia fundamental. 

Argumento de autoridad

Un argumento de autoridad o  argumento basado en la autoridad, conocido también por el nombre latino argumentun ad verecundiam o magister dixit, consiste en hacer referencia a las personas que afirman o están de acuerdo con una proposición con el objetivo de mostrar que es cierta o correcta. Por ejemplo, en la afirmación "según Keynes, la decisión más acertada para reducir el desempleo es aumentar el gasto público"  se utiliza el argumento de autoridad porque se invoca al famoso economista Keynes y al hecho de que propuso eso mismo para justificar la receta del aumento del gasto público para reducir el desempleo. En sentido estricto, los argumentos de autoridad se consideran falacias, es decir, son argumentos falsos o nulos, ya que una afirmación no puede considerarse como demostrada porque algunas personas la consideran verdadera o correcta. Aunque no se puede utilizar como prueba, sí se admite como recurso retórica o reforzar un argumento cuando el personaje al que se alude es una personalidad reconocida o experto en el tema.

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Valor absoluto (ética)

Un valor ético absoluto es un principio o guía de actuación que tiene un valor en sí mismo y no por tanto no depende de la circunstancias en que se desarrolla ni admite excepciones. Si bien se consideran valores éticos abolutos el respeto por las pvda de otras personas y su libertad, existen circunstancias excepcionales o extremas en las que dichas valores quedan en entredicho. Por ejemplo, la vida de una persona puede no ser defendible cuando hay que elegir entre esa vida y la vida de otras personas amenazadas por esta.

Generalización

Generalización es el hecho de extender afirmaciones y sacar conclusiones de una situación concreta o un conjunto de casos particulares a situaciones generales o comunes o la totalidad de una población. La validez de las generalizaciones depende de que las condiciones específicas de cada situación o individuo no sean factores influyentes o decisivos a la hora de determinar la característica que se quiere evaluar. Por ejemplo, si se observa que un grupo de jóvenes ha mejorado su aprendizaje de forma notoria tras seguir una metodología didáctica en una asignatura determinada, habría que tener  cuidado en generalizar esos resultados a otras asignaturas u otros grupos de alumnos con diferente edad, por ejemplo. Para evitar generalizaciones falaces y falsas, el diseño de investigación debe realizarse de forma cuidadosa, intentando recoger en los datos todo tipo de condiciones y circunstancias diferentes, de forma que los resultados puede interpretarse de forma global.

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