Profecía autocumplida

La profecía autocumplida es el fenómeno interpersonal y social por el cual la propia anticipación, racional o no, de un hecho conlleva su realización. Un ejemplo sería el de un economista que anuncia públicamente la quiebra de un banco, aunque no existan razones objetivas para ello, pero el propio anuncio provoca un movimiento colectivo de prevención, el pánico bancario, que lleva a los clientes del banco a retirar sus ahorros del banco, lo cual provoca su caída. Las profecías autocumplidas viene dadas por un amplio cúmulo de causas psicológicas y sociológicas, pero en general tienen que ver que el efecto que tienen las expectativas en el comportamiento individual y colectivo de los individuos, que llevan frecuentemente a actuar en dicha dirección. Uno de los ámbitos en los que la profecía autocumplida se desarrolla en la educación, concretado en los denominados efecto Pigmalión y efecto Golem respectivamente: el efecto Pigmalión indica el rendimiento académico positivo que se da en los alumnos sobre los que han depositado (profetizado) altas expectativas, mientras es el efecto Golem, a la inversa, señala el pobre rendimiento relativo en los alumnos para los que se dispuesto bajas expectativas.

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Socialización secundaria

La socialización secundaria es la etapa de socialización que sucede a la socialización que se desarrolla en la infancia alrededor de la familia y la escuela -llamada socialización primaria-  y que tiene lugar generalmente a partir de la adolescencia en el entorno educativo, laboral y asociativo y a través de grupos de amigos. La socialización secundaria permite acceder al sujeto a nuevas realidades sociales que le proporcionan una mayor amplitud de miras de forma que pueda desarrollarse como persona con mayor libertad y autonomía, siempre apoyándose en la socialización primaria. Una socialización primaria problemática o fallida puede, en cambio, llevar al individuo a entregarse a una socialización secundaria que intente sustituir a aquella, con el riesgo de integrarse en grupos con tendencias antisociales, que en lugar de hacerle crecer como persona y ciudadano, le anulen o le lleven a desarrollar conductas desviadas y peligrosas.

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Sobrecarga de rol

La sobrecarga de rol se produce cuando las demandas y expectativas relacionadas con un rol en concreto exceden las capacidades y recursos de la persona que asume el rol (personal focal).

Deben distinguirse las demandas de rol que pueden considerarse como un reto y desafío de aquellas que resultan imposibles de ejecutar sin crear ansiedad o malestar en la persona en cuenstión. Las demandas del tipo desafío pueden resultar difíciles de cumplir en un principio pero son realistas y  la motivación y la dotación de recursos pueden llevar a la persona que debe desmepeñar el rol asignado a autosuperarse y finalmente cumplir con las expectativas, aumentando de esta forma su autoestima. Las demandas fuera de la capacidad y circunstancias de la persona focal, en cambio, solo van provocar desmotivación que incluso puede llevar a que la persona se vea incapacitada para cumplir con expectativas que se planteen en un futuro. La sobrecarga de rol llevará finalmente en muchos casos a que las demandas no solo no se cumplan, sino que se queden muy lejos de las expectativas planteadas en el rol.

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Violencia gratuita

La violencia gratuita es la violencia física contra personas o bienes que carece de fundamento, signficiación o razón de ser y  obedece a la mera pulsión del individuo o individuos que la ejercen. Así pues, se trataría de una violencia patológica, que obedece a trastornos mentales que subre quien la ejerce.

Pobreza cultural

Pobreza cultural alude a la dificultad e incluso imposibilidad de acceder a productos y servicios culturales por parte de las familias, como pueden ser actividades educativas, libros, música, cine y actividades culturales en general, tanto por no disponer de los recursos económicos para ello como por la inexistencia de infraestructuras culturales públicas con las que suplir esas carencias. La pobreza cultural refuerza y retroalimenta la pobreza económica, en el sentido de que las personas que la sufren acaban con un nivel educativo, de formación y cultural bajo, sin poder acceder a puestos de trabajo cualificados, lo que les relega a los estratos socioeconómicos más bajos de la población. Además, la pobreza cultural genera lo que se ha venido en denominar cultura de la pobreza, que tiene como consecuencia una escala de valores y creencias que infravalora la importancia de la educación y la cultura como motor de desarrollo personal y social.

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