Movimiento antiglobalización

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El movimiento antiglobalización, también llamado altermundialismo, es un movimiento social internacional y transversal contra el capitalismo neoliberal, financiero y globalizador imperante desde las últimas décadas del siglo XX, que aboga por una justicia social a nivel global y denuncia la explotación de personas y recursos sin límites y sus consecuencias a nivel planetario en beneficio de los intereses económicos del gran capital. Hay que matizar que el movimiento antiglobalización no es un movimiento en contra de la globalización en sí, sino un movimiento en contra de la globalización como estrategia de dominio y explotación de los intereses del capital. Más concretamente, el movimiento antiglobalización se manifiesta en contra de las desigualdades económicas y sociales, la guerra, la deuda externa de los países en desarrollo, la explotación de recursos naturales por parte de las multinacionales, los problemas medioambientales, el cambio climático, la destrucción de las comunidades locales y las injerencias políticas de las élites, y sus derivadas como la represión política, el aumento de gasto militar y el desgaste de la democracia, cuando no su demolición.

El inicio del movimiento antiglobalización tiene como hito las protestas de Seattle en 1999 contra la celebración de la cumbre de la Organización Mundial del Comercio, y desde entonces ha reunido en su seno a grupos anticapitalistas, ecologistas, feministas, movimientos indigenistas, sindicatos, organizaciones solidarias por el desarrollo y contra la pobreza y movimientos juveniles. Si bien con altibajos, es un movimiento que ha perdurado desde su nacimiento, con varios hitos de movilización, entre los que se puede citar también los movimienos 15M y el movimioento Occupy, en 2011.

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Mujer (concepto y definición)

El concepto de mujer es complejo y se define y analiza desde diferentes perspectivas. Desde un punto de vista biológico, una mujer es la categoría sexual de la hembra humana, determinada por características biológicas, tanto genéticas, hormonales como anatómicas, teniendo dichas características el objetivo principal del apareamiento y reproducción. Pero, por otro lado, la mujer es una construcción social, una categoría de género, que asigna unos roles y estereotipos a las personas a las que se ha considerado mujeres, generalmente desde la perspectiva sexual y biológica antes reseñada. De este modo, la mujer, en sociedades heteropatriarcales por ejemplo, es la destinada a ser madre y  a ser compañera sexual del hombre, con todo los roles que ello conlleva, ser cuidadora, bella y atractiva. El género femenino, como construcción social, penetra también en la psicología de cada una de las personas, de modo que el ser mujer se configura también cono una seña de identidad propia y una personalidad concreta en nuestras vidas, condicionando nuestra sexualidad, nuestras relaciones sociales y nuestras expectativas.

Interacción social

Una interacción social es toda acción o práctica elemental y simple que se establece de forma recíproca entre dos individuos o grupos, afectándolos o influenciándolos de alguna forma y que desarrollada en un contexto de forma duradera da lugar a una relación social.

Brecha de confianza

La brecha de confianza es un tipo de brecha de género según la cual los hombres se sienten más seguros con las capacidades y responsabilidades que les corresponden mientras las mujeres se muestran inseguras y dudan en poder cumplir con las responsabilidades que se les asignan. No es más que una variante de género del llamado síndrome del impostor, que se produce por la escasa autoestima femenina desarrollada por la influencia por el patriarcado a fuerza del menosprecio hacia las mujeres. La brecha de confianza es en muchos casos la causante del suelo pegajoso y del techo de cristal. Según los estudios realizados, sin embargo, las mujeres son tan capaces de desarrollar como los hombres o mejor la mayor parte de las tareas y proyectos, dejando claro así que la escasa autoestima de las mujeres es un problema social y no en general un problema individual de las mujeres; además del trabajo social beneficioso a largo plazo, sin embargo, el hecho de que las mujeres trabajen individualmente la autoestima es una herramienta muy importante a corto plazo para superar la brecha de confianza.

Como desigualdad autopercibida en la autoconfianza y autoestima entre hombres y mujeres, la brecha de confianza entre sexos, especialmente en el ámbito profesional, provoca que los hombres suelen sentirse más seguros de sus capacidades en comparación a las mujeres, lo que implica que las mujeres se retraigan a la hora de optar a puestos de trabajo de alto nivel o a la promoción profesional dentro de una organización. Por otro lado también, a la hora de desempeñar sus tareas profesionales, dado que las mujeres minusvaloran sus capacidades y desempeños, estas tienen tendencia a implicarse más que los hombres en el cumplimiento de las tareas, con el objeto de compensar dicha falta de confianza, lo que a la larga puede provocar también un estrés comparativamente alto en las mujeres, frente a los hombres, más ansiedad, ...; esto es, el círculo vicioso del sexismo.

Sujeto parasocial (conducta parasocial)

La expresión sujeto parasocial hace referencia a aquel individuo que vive de espaldas a los valores vigentes en la sociedad pero que a la vez acepta disfruta de sus ventajas, recibe beneficios y respetando las normas en la medida mínima para evitar ser perseguido. Suele utilizarse también la expresión conducta parasocial para hacer referencia a esos comportamientos.  Junto con los sujetos asociales y antisociales, forma parte de uno de los perfiles típicos habitualmente considerados en criminología.

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