Consumismo

El consumismo es la tendencia de las personas en la sociedad a adquirir productos y servicios de forma desproporcionada e innecesaria. Se basa en la idea de que el mero consumo nos hace felices y mejores frente a los demás, muchas veces siguiendo los mensajes publicitarios y por un mero efecto de imitación. El consumismo es la ideología básica de las sociedades capitalistas avanzadas y una condición fundamental para el desarrollo del capitalismo; de hecho, las sociedades capitalistas modernas se denominan al mismo timepo sociedades de consumo. Las estrategias para foemtar el consumismo son, entre otras, la obsolescencia programada; los créditos destinados a consumir desmesuradamente y el impulso a través de la publicidad de las compras por impulso, no razonadas y caprichosas.

Las consecuencias del consumismo son severas: genera graves problemas medioambientales, provocados por la sobreexplotación de los recursos; perjudica por completo la situación financiera de las personas y familias, que comprando cosas que no necesitan, llegando a endeudarse y desequilibrar los presupuestos familiares y a dejar insatisfechas sus necesidades básicas.

Como alternativa, se propone un consumo responsable o razonable, tomando conciencia del impacto social y medioambiental de todo lo que consumimos, y adaptando nuestro consumo a nuestras necesidades reales. Para ello son imprescindibles los programas educativos, especialmente entre niños y jóvenes, y la inclusión del consumo en la agenda pública.

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Evidencia de género (estadísticas de genero)

Una evidencia de género o estadística de genero es una proporción, frecuencia o magnitud comparativa en la que las mujeres y hombres muestran una diferencia social, ocupando un determinado tipo de trabajo, detentando una posición o desarrollando un  comportamiento. Por ejemplo, son tendencias de género el porcentaje de mujeres entre los médicos, el sueldo medio de las mujeres frente al de los hombres en una empresa o el número de horas dedicadas al ocio por parte de los hombres y las mujeres. Una tendencia de género sistemática y que perdura en el tiempo genera lo que se denomina una brecha de género.

Las tendencias de género tienen una evolución a lo largo del tiempo en función de la concienciación social y de las políticas de igualdad que se implementen, que permitirán que la brecha de género se vaya estrechando, a veces demasiado lentamente, o ampliando. 

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Compromiso deportivo

El compromiso deportivo es la motivación o actitud positiva que posee un sujeto para la práctica continuada del deporte. Dicho compromiso depende de múltiples factores, entre ellos el grado de satisfacción personal obtenida hasta el momento, en forma de diversión, afecto y relaciones con compañeros y entrenadores, el apoyo social del entorno, el esfuerzo invertido, los logros obtenidos, la valoración social y el deseo de autorrealización. Por otro lado, presenta dos dimensoiones bien diferenciadas; por un lado, el compromiso entusiasta, en el sentido de que el sujeto desea practicar deporte o un deporte concreto, y por otro lado, el compromiso inducido, según el cual el individuo se siente influenciado por presión interna o social a la práctica deportiva. 

Igualdad racial

La igualdad racial es aquella situación en la que todas las personas son tratadas de igual forma independientemente de sus características o rasgos raciales, tanto a nivel institucional como a nivel social. Para desarrollar una situación de igualdad racial se hacen necesarias tanto una regulación legal firme y clara en favor de la igualdad de todos los ciudadanos tanto una labor de concienciación social al respecto que promueva la tolerancia, la convivencia y la solidaridad. 

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Funcionalismo

El funcionalismo es una corriente epistemológica vinculada a la sociología y la antropología cultural y social, que analiza e interpreta los fenómenos sociales y culturales  (instituciones, hechos sociales, relaciones) desde la perspectiva de la función que ejercen respecto de los individuos y  la sociedad y la cultura en su conjunto, especialmente con el objetivo de perseguir su equilibriuo, pervivencia y desarrollo. El funcionalismo tiene sus raíces en el organicismo, visión de la sociedad y la cultura como una unidad orgánica, que se desarrolló desde principios del siglo XIX. Los pioneros de esta corriente fueron los sociólogos Herbert Spencer (1820-1903) y Émile Durkheim (1858-1917), los antropólogos Bronislaw Malinowski (1884-1942) y A.R. Radcliffe-Brown (1881-1955), y posteriormente ha sido defendida por los sociólogos Talcott Parson (1902-1979) y R.K. Merton (1910-2003), si bien Radcliffe-Brown, Parsons y Merton adoptaron una variante del funcionalismo denominada enfoque estructural funcionalista. Si bien en un principio el funcionalismo atribuyó una función positiva a todas instituciones que se desarrollan en una cultura, defendiendo la existencia de una unidad funcional en las sociedades, elaboraciones posteriores de la teoría han analizado también los efectos no deseados de ciertas instituciones, sobre todo en sociedades complejas, o las disfunciones asociadas a ciertos componentes de las sociedades, que generan desviación social y conflicto, argumentando en defensa del funcionalismo que lo relevante es el balance final entre funcionalidad y disfuncionalidad que aporta cada elemento o institución social.

 

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