Reto demográfico

El reto demográfico o desafío demográfico  es el reconocimiento y asunción por parte de las gobiernos de la necesidad de implementar políticas que hagan frente al envejecimiento de la población y las bajas tasas de natalidad, como problemas demográficos, y a los problemas sociales que estos implican como sostenibilidad del sistema de pensiones y protección social, la falta de relevo generacional, despoblación de áreas rurales e incluso el estancamiento y declive económico. Dichos problemas afloran como consecuencia de la transición demográfica operada a lo largo del siglo XX pero que ha llegado a su última fase más extrema a comienzos del siglo XXI en las sociedades más avanzadas, sobre todo en varios paises europeos y otros como Japón. En relación a las respuestas ante el reto demográfico, la conciliación familiar, ayudas a la dependencia, emancipación juvenil y vivienda se presentan como los ejes princiaples sobre los que se deben articular las políticas gubernamentales.

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Presión social

La presión social, presión cultural o presión sociocultural es el fenómeno por el cual las personas internalizan comportamientos ajenos o adaptan sus comportamientos propios a aquellas mayoritarios en la cultura o grupo con la que se sienten identificados  (grupos de referencia) con el objeto de no ser excluidas o rechazadas y poder integrarse en ellos sin problemas. Otro de los mecanismos de presión social es la comparación social, esto es, el deseo de aparecer como un igual frente a los demás, y no sentirse minusvalorado. Los grupos de presión social más comunes son el grupo de amigos, el círculo de colegas en el lugar de trabajo, pero a nivel macrosocial la cultura en general, a travésde los modelos que se nos imponen.

Turismofobia

La turismofobia hace referencia a las actitudes de desprecio, aversión  e incluso agresividad contra los turistas por parte de una población local, provocadas por las consecuencias negativas que provoca el sobreturismo o turismo masificado, como la carestía de precios, precariedad económica, pérdida de identidad y otros inconvenientes como suciedad, ruido y contaminación o la propia masificación. Generalmente no se trata de un fenómeno natural u original, sino que es consecuencia de un conjunto de políticas públicas y actuaciones por parte de agentes económicos de calado que promueven una excesiva turistificación que provoca finalmente una saturación turística. De hecho, más que un conjunto de actitudes de la población local, es un proceso que se inicia generalmente con el optimismo por parte de dicha población en relación a los beneficios que genera el turismo, pero que según va llegando a un nivel de saturación pasa del optimismo a la apatía, de ahí a la indignación, el conflicto y desgradaciamente a veces la resignación ante la inevitabilidad del fenómeno. El término turismofobia se creó en 2008 de la mano de un artículo del antropólogo Manuel Delgado Ruiz (no es casualidad que el neologismo surgiese en España, que no en vano es uno de los países líderes a nivel mundial en recepción de turistas), pero luego se ha extendido a nivel internacional (en inglés se traduce como tourism phobia), donde afrimaba que no ha sido el turismo quién ha borrado la historia y la gente de los centros históricos, sino la gestión de la ciudad como negocio.

Expresión de género

La expresión de género es el conjunto de códigos comunicativos que las personas utilizan para expresar o mostrar su género dentro del ámbito social, como la indumentaria, la forma de hablar, ademanes y gestos y el desarrollo de ciertas actitudes. Un ejemplo habitual es la falda, una prenda que corresponde casi exclusivamente a la mujer en nuestra cultura, por lo que la persona que la viste es implícitamente mujer. Las expresiones de género tienden a ser hegemónicas dentro de una cultura, por lo que las expresiones de género inadecuadas, de la mano de personas con una identidad de género no esperada por su sexo biológico, desarrollan estereotipos y provocan discriminación.

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Movilidad social

La movilidad social es el fenómeno por el cual  las personas pasen de una clase social a otra. Puede ser ascendenter cuando pasa a formar parte de una clase superior (y entonces el ascensor social se llama también «ascensor social» o «escalera social», en la expresión figurada), o descendente cuando pasa a una clase socioeconómica inferior. En estos casos, la movilidad es vertical. La movilidad social también puede ser horizontal cuando la situación socioeconómica de una persona cambia dentro de un mismo nivel, por ejemplo cuando se traslada a una profesión de la misma categoría.

La movilidad social tiene que ver con la igualdad de oportunidades: si hay igualdad de oportunidades en una sociedad, habrá mucha movilidad social; en este sentido, la meritocracia también es la base para la movilidad social. Las razones para impulsar la movilidad social pueden ser normativas (cuando la igualdad de oportunidades se concibe como principio moral básico), de eficiencia (se excluyen las personas válidas cuando se sitúan en un nivel inferior al que les corresponde) y relacionadas con integración, para evitar el conflicto social.

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