Integración social es el fenómeno social por el cual diferentes grupos e individuos actúan conjuntamente y viven como sociedades o grupos integrados o unificados, con cierta cohesión y solidaridad mutua. También se puede entender culturalmente como la convivencia de diferentes grupos culturales, en una relación de interculturalidad, produciéndose cierta transmisión intercultural, pero al mismo tiempo manteniendo cada una de ellas su cultura propia (véase, interculturalidad e interculturalismo), evitando la asimilación, la exclusión y la segregación, siendo estos últimos precisamente los fenómenos contrarios a la integración.
Racialización (desigualdad por razón de raza)
La racialización de un fenómeno social, como por ejemplo la pobreza, el nivel educativo y la delincuencia, se refiere al discurso que determina el establecimiento de desproporciones y diferencias respecto de dicho fenómeno en base a la raza. Por ejemplo, la racialización de la pobreza se referiría a todo tipo de discurso social, político y técnico que indaga y realiza afirmaciones sobre la pobreza en basa a la raza de las personas investigadas. La racialización se considera una variante del racialismo en el sentido de que reconoce la existencia de las razas como entidad real.
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Facción (sociología)
En sociología, una facción es un grupo integrado dentro de una organización que se constituye como competidor, rival y en oposición a otro grupo dentro de la misma, para defender sus intereses o perspectivas, a pesar de compartir con aquel los objetivos generales y globales de la organización. Cuando los intereses divergen a partir de un cierto punto, la facción minoritaria se constituye en disidencia y puede optar por seguir actúar desde esa minoría o escindirse de la organización.
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Presión demográfica
La presión demográfica, referente tanto al ser humano como a cualquier otra especie, es el fenómeno que se produce cuando una superpoblación en un hábitat o entorno determinado, desencadenada por incrementos en la tasa de natalidad o decrementos de la tasa de mortalidad, provoca que los recursos materiales y económicos disponibles sean insuficientes para el conjunto de población, provocando crisis ecológicas o económicas. En el caso del ser humano, la presión demográfica puede relajarse gracias a incrementos de productividad y eficiencia, favorecidos entre otros por cambios tecnológicos, o a través de migraciones; en el caso de otras especies vivientes, suele ser un incremento de mortalidad lo que hace volver las poblaciones a una situación de equilibrio. Desde el malthusianismo, la superpoblación y la presión demográfica son un problema fundamental que lleva al declive a las sociedades.
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