La presión demográfica, referente tanto al ser humano como a cualquier otra especie, es el fenómeno que se produce cuando una superpoblación en un hábitat o entorno determinado, desencadenada por incrementos en la tasa de natalidad o decrementos de la tasa de mortalidad, provoca que los recursos materiales y económicos disponibles sean insuficientes para el conjunto de población, provocando crisis ecológicas o económicas. En el caso del ser humano, la presión demográfica puede relajarse gracias a incrementos de productividad y eficiencia, favorecidos entre otros por cambios tecnológicos, o a través de migraciones; en el caso de otras especies vivientes, suele ser un incremento de mortalidad lo que hace volver las poblaciones a una situación de equilibrio. Desde el malthusianismo, la superpoblación y la presión demográfica son un problema fundamental que lleva al declive a las sociedades.