Los roles de género son aquellos roles que se atribuyen, como conjunto de comportamientos y funciones a desarrollar que se esperan de una persona en el ámbito social, de forma diferenciada a hombres y mujeres en una sociedad, basándose generalmente en estereotipos de género. Como todos los roles, son tendencias aprendidas de la sociedad, incorporadas por la cultura hegemónica, en este caso generalmente por la preeminencia del hombre dentro del sistema patriarcal. La diferenciación de roles de género entre hombres y mujeres es evidente en los ámbitos productivo, reproductivo, comunitario y político. Se utilizan como ideología, para reforzar la diferencia de género, y como forma de organización social y económica. Además, la realización y ejecución de un determinado rol de género por parte de una persona se percibe también como expresión de género y por tanto para etiquetar a las personas en relación a su cumplimiento de género e incluso orientación sexual. Como ejemplos, un rol de género femenino cosiste en que sea la mujer la que se encargue del cuidado de los padres o haga las tareas de limpieza del hogar, mientras que en relación a los hombres estos han de ser emocionalmente duros.
Inclusión social (inclusividad)
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Despatrimonialización (pérdida del carácter patrimonial)
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La despatrimonialización hace referencia al conjunto de circunstancias y decisiones que conllevan que un bien considerado como patrimonio público o común, de algunas forma se encuentra vinculado u amortizado, quede libre de toda restricción y pueda negociarse con él como con cualquier otro bien y por tanto apropiado o controlado en beneficio de intereses privados. Un ejemplo de despatrimonialización es la gestión privada del suministro del agua, que históricamente siempre ha sido un bien público.
Funcionalismo
El funcionalismo es una corriente epistemológica vinculada a la sociología y la antropología cultural y social, que analiza e interpreta los fenómenos sociales y culturales (instituciones, hechos sociales, relaciones) desde la perspectiva de la función que ejercen respecto de los individuos y la sociedad y la cultura en su conjunto, especialmente con el objetivo de perseguir su equilibriuo, pervivencia y desarrollo. El funcionalismo tiene sus raíces en el organicismo, visión de la sociedad y la cultura como una unidad orgánica, que se desarrolló desde principios del siglo XIX. Los pioneros de esta corriente fueron los sociólogos Herbert Spencer (1820-1903) y Émile Durkheim (1858-1917), los antropólogos Bronislaw Malinowski (1884-1942) y A.R. Radcliffe-Brown (1881-1955), y posteriormente ha sido defendida por los sociólogos Talcott Parson (1902-1979) y R.K. Merton (1910-2003), si bien Radcliffe-Brown, Parsons y Merton adoptaron una variante del funcionalismo denominada enfoque estructural funcionalista. Si bien en un principio el funcionalismo atribuyó una función positiva a todas instituciones que se desarrollan en una cultura, defendiendo la existencia de una unidad funcional en las sociedades, elaboraciones posteriores de la teoría han analizado también los efectos no deseados de ciertas instituciones, sobre todo en sociedades complejas, o las disfunciones asociadas a ciertos componentes de las sociedades, que generan desviación social y conflicto, argumentando en defensa del funcionalismo que lo relevante es el balance final entre funcionalidad y disfuncionalidad que aporta cada elemento o institución social.
Rol afectivo
El rol afectivo es la conducta en el plano afectivo que desarrolla o que se espera que desarrolle una persona hacia otra dada su relación de cercanía íntima con esta. Un ejemplo claro es el rol afectivo de la madre hacia sus hijos, como conjunto de sentimientos de cariño y amor que debe mostrarles.