La Ciudad de Dios (Agustín de Hipona): ciudad celeste y ciudad terrenal

La ciudad de Dios es el nombre de la obra escrita por Agustín de Hipona (354-430), con el título original en latín De civitate dei contra paganos, en el que aborda su visión filosófica de la historia. En esta obra, el filósofo distingue entre la ciudad terrenal que, siempre desde el cristianismo, está formada por los paganos que viven contra Dios a través del egoísmo e idolatría, por un lado, que se ha identificado a veces ocn el Estado o el Imperio Romano de la época, y la ciudad celeste, por otro, o formada por los creyentes que viven por el amor a Dios, la iglesia en el mundo, ambas en constante conflicto y choque, aunque actúan al mismo tiempo confundidos, ya que en la propia iglesia de cada momento existen justos e injustos, buenos y malos. Naturalmente, estas ciudades deben entenderse en sentido metafórico, no como ciudades verdaderas, sino como situaciones espirituales. 

A través de este dialéctica entre ciudades, Agustín de Hipona afirma la evolución lineal de la historia, que culminará en la ciudad de Dios, a diferencia de las historias cíclicas de Oriente y otras filosofías, y plantea la historia y la política en forma lucha entre el amor a Dios y el amor a los bienes materiales de la tierra. Diríase, pues, que la obra filosófica La ciudad de Dios es una cosmovisión o concepción del mundo completa, que indica cómo el mundo y la historia evolucionan. Más concretamente, según Agustín de Hipona, la Ciudad de Dios será la que prevalecerá tras triunfar la ciudad celestial, con el fin de los tiempos, siempre metafóricamente, formada por los ángeles y resucitados a los que se dará vida eterna, en contraposición al infierno. 

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Terraplanismo

Terraplanismo es el conjunto de teorías y creencias que afirman que la Tierra es plana, en lugar de esférica o casi esférica. En la antigüedad, las teorías que afirmaban una Tierra plana fueron habituales, pero en la actualidad están totalmente descartadas, y cuando se defienden se considera creencia o teoría pseudocientífica. Tales de Mileto, Anaxágoras, Anaximenes y Demócrito — todos filósofos presocráticos — defendieron que la tierra era plana; Pitágoras es considerado como el primer sabio en señalar que la Tierra es esférica, dentro de la teoría de la armonía de sus esferas; Aristóteles, por último, fue el primero en demostrar con rigor que la Tierra es esférica, afirmando como prueba, entre otras, la sombra que la Tierra proyecta sobre la Luna durante los eclipses, y desde entonces se ha descartado casi completamente la hipótesis a favor de la tierra plana. Sin embargo, todavía hoy en día existen personas ignorantes o conspiranoicas que siguen creyendo y afirmando que la tierra es plana, junto con algunos pueblos indígenas que consideran la tierra plana como un elemento de su mitología. 

Verdad objetiva

La verdad objetiva es la correspondencia de lo que afirma una proposición con la realidad, con los objetos del mundo, independientemente del sujeto que la formule. Es un concepto problemático en el sentido de que el hecho de que una proposición exista conlleva la existencia de un sujeto que la afirma y por tanto la influencia de dicha sujeto en la perspectiva de la proposición. Desde esta postura escéptica en relación a la verdad objetiva podría considerarse el concepto de verdad objetiva como un oxímoron, ya que todas las verdades serían subjetivas. Según otros, la verdad objetiva es lo que es verdaderamente real, es decir, la verdad sin intermediación del conocimiento o proposición alguna; sin embargo, la realidad se nos presenta siempre como fenoménica, desde nuestra perspectiva, por tanto no existiría una realidad única, ya que esta siempre aparece bajo un tamiz. La postura generalmente aceptada es que la verdad objetiva es aquella que ha sido verificada o es verificable de acuerdo a nuestra experiencia humana común que se acepta como evidencia, obviando las experiencias o percepciones particulares de cada uno.

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Vida contemplativa

El ideal de vida contemplativa fue desarrollado por Platón como vida dedidada a la busqueda de la verdad, al conocimiento, contrapuesta a la vida de los placeres o que persigue el lucro, como explicó en el Fedón, o como vida superior, alejada de los hombre y del mundo y que mira a los dioses. El concepto fue desarrollado más tarde en el diálogo  La República, como vida filosófica ya no en contraposición a la vida activa, práctica o política, sino como base para esta última, a la que complementa, para desarrollar luego la figura del rey filósofo como aquel que desde la sabiduría adquirida en la vida filosófica desciende al mundo para gobernar la polis.

Desde la vivencia religiosa, la vida contemplativa hace referencia a la vida consagrada que desarrollan los religiosos que se recluyen en los monasterios y comunidades religiosas persiguiendo una vida de sabiduría y búsqueda de la verdad, pero en el sentido divino, con el fin último de llegar a la verdad de Dios, desde el retiro del mundo, el ascetismo, la adoración y la oración. 

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Proletariado

El proletariado es la clase social de las personas que sólo disponen su fuerza de trabajo para ganarse la vida y que en consecuencia tienen que trabajar a cambio de un salario para un capitalista o un empresario, conformando estos últimos la clase antagonista de la burguesía. El término proviene del latín proles, con el significado del grupo de individuos que no poseían ningún bien en la Antigua Roma, pero es un concepto desarrollado en el seno de la teoría marxista y al que se considera protagonista de la lucha de clases contra la burguesía con el objetivo final de instaurar el comunismo.

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